Volver al trabajo después de la maternidad: cómo gestionar la culpa y la separación
Judith Navarro (psicóloga perinatal)
Volver al trabajo después de ser madre puede remover muchas más emociones de las que imaginábamos.
Puede haber tristeza por separarnos de nuestro bebé, preocupación por cómo estará sin nosotras, miedo a perdernos momentos importantes o culpa por dejarlo al cuidado de otra persona.
Pero también pueden aparecer ganas de volver a trabajar, de recuperar una parte de nuestra rutina, de reencontrarnos con nuestra faceta profesional o, simplemente, de volver a tener espacios en los que no somos únicamente «mamá».
Y sí: ambas cosas pueden convivir.
Puedes echar muchísimo de menos a tu bebé y disfrutar de volver al trabajo. Puedes querer recuperar tu vida profesional y sentir pena cuando lo dejas por la mañana. Puedes saber racionalmente que estará bien y seguir sintiendo un nudo en el estómago.
La vuelta al trabajo después de la maternidad es una transición. Y, como cualquier cambio importante, necesita tiempo y adaptación.
¿Por qué puede ser tan difícil volver al trabajo después de ser madre?
Durante los primeros meses de vida de un bebé, nuestras rutinas, prioridades e incluso nuestra manera de relacionarnos con el tiempo cambian por completo.
Y, de repente, llega una fecha concreta en el calendario que nos dice que toca volver.
Pero emocionalmente no siempre existe un interruptor que podamos activar ese día.
La reincorporación supone reorganizar horarios, cuidados y responsabilidades, pero también adaptarse a una nueva realidad: ahora nuestra vida profesional y nuestra maternidad tienen que encontrar la manera de convivir.
Además, no todas las madres llegan a ese momento de la misma forma.
Algunas sienten que el permiso ha sido demasiado corto. Otras tienen muchas ganas de recuperar su trabajo. Algunas pueden contar con una red de apoyo que les da tranquilidad y otras tienen que dejar por primera vez a su bebé con una persona que apenas conocen o iniciar la escuela infantil.
Por eso tampoco existe una única manera «correcta» de vivir la vuelta al trabajo.
La culpa por dejar a mi bebé para volver a trabajar
La culpa es una emoción que puede aparecer con mucha facilidad durante la maternidad.
«¿Es demasiado pequeño?»
«¿Me necesitará?»
«¿Y si se siente abandonado?»
«¿Debería querer quedarme con él?»
«¿Cómo puedo tener ganas de volver al trabajo?»
A veces, detrás de estas preguntas aparece una expectativa muy arraigada sobre cómo debería comportarse una «buena madre»: estar disponible siempre, querer pasar todo el tiempo posible con su bebé y anteponer sus necesidades a las propias.
Y cuando nuestra experiencia real no encaja exactamente con ese ideal, puede aparecer la sensación de que estamos haciendo algo mal.
Sin embargo, sentir ganas de recuperar nuestra faceta profesional o disfrutar de nuestro trabajo no disminuye el vínculo ni el amor hacia nuestro bebé.
Ser madre pasa a formar parte de nuestra identidad, pero no necesariamente sustituye todo lo que éramos antes.
¿Y si tengo ganas de volver a trabajar?
También necesitamos hablar de esto.
Porque algunas mujeres esperan con ganas el momento de reincorporarse y después se sienten culpables precisamente por sentirse así.
Volver a utilizar capacidades profesionales, relacionarse con otros adultos, recuperar determinadas rutinas o tener durante unas horas un espacio propio puede resultar agradable.
Y eso no convierte a nadie en peor madre.
De la misma manera que echar de menos profundamente a nuestro bebé no significa que no valoremos nuestro trabajo.
No tenemos que elegir entre querer nuestra maternidad y querer otras partes de nuestra vida.
Podemos necesitar ambas.
La separación y el inicio de la escuela infantil
En algunas familias, la vuelta al trabajo coincide además con otro gran cambio: el inicio de la escuela infantil.
Y entonces no solo tenemos que gestionar nuestra propia reincorporación, sino también el proceso de dejar al bebé en un espacio nuevo, con personas nuevas y unas rutinas diferentes.
Es normal que este proceso genere dudas, preocupación o tristeza.
Siempre que las circunstancias lo permitan, realizar la adaptación de forma progresiva puede ayudar a que tanto el bebé como la familia vayan familiarizándose con esta nueva etapa.
También puede ser útil conocer a las personas que estarán a cargo del bebé, preguntar cómo será su día a día y resolver todas aquellas dudas que nos generen inseguridad.
No se trata de conseguir que la separación «no nos afecte», sino de permitirnos transitarla y construir poco a poco confianza en esta nueva realidad.
Volver al trabajo también implica reorganizar la familia
La reincorporación laboral no debería ser únicamente un problema logístico de la madre.
¿Quién lleva al bebé? ¿Quién lo recoge? ¿Quién prepara lo que necesita para el día siguiente? ¿Quién reorganiza su agenda si enferma? ¿Quién recuerda que hay que comprar pañales o preparar determinada cosa para la escuela?
Cuando ambos miembros de la pareja trabajan, hablar de corresponsabilidad y carga mental también forma parte de preparar la vuelta.
No se trata solamente de repartir tareas cuando aparecen, sino de compartir la responsabilidad de anticiparlas, organizarlas y resolverlas.
Hablar de estas cuestiones antes de la reincorporación puede evitar que toda la nueva organización familiar recaiga automáticamente sobre la madre.
¿Cómo puedo hacer más llevadera la vuelta al trabajo?
No existe una fórmula que haga desaparecer todas las emociones que puede generar esta etapa, pero sí podemos intentar transitarla de una manera más amable.
Puede ayudar:
Anticipar, siempre que sea posible, cómo será la nueva organización familiar.
Hablar y repartir responsabilidades con nuestra pareja o red de apoyo.
Hacer una adaptación progresiva a la escuela infantil o al nuevo cuidador cuando las circunstancias lo permitan.
Evitar exigirnos sentirnos bien desde el primer día.
Dar espacio a emociones aparentemente contradictorias.
Mantener pequeños momentos de conexión con nuestro bebé al empezar y terminar el día.
Compartir cómo nos sentimos con personas de confianza.
Revisar las expectativas que tenemos sobre cómo «deberíamos» estar viviendo esta etapa.
Y, sobre todo, recordar que adaptarse necesita tiempo.
Los primeros días no tienen por qué representar cómo nos sentiremos dentro de unas semanas.
¿Cuándo puede ayudarme consultar con una psicóloga perinatal?
Sentir tristeza, preocupación, culpa o echar de menos a nuestro bebé durante esta transición no implica por sí mismo que exista un problema psicológico.
Pero si el malestar es muy intenso, se mantiene en el tiempo, sentimos que nos desborda o está interfiriendo significativamente en nuestro día a día, pedir ayuda profesional puede ser una forma de acompañarnos durante el proceso.
La psicología perinatal puede ofrecer un espacio donde hablar sin juicios de cómo estamos viviendo nuestra maternidad, trabajar los miedos o la culpa que puedan aparecer y encontrar herramientas adaptadas a nuestra situación.
No tienes que volver a ser la misma de antes
Quizá una de las expectativas más difíciles de la vuelta al trabajo sea precisamente esa: pensar que tenemos que volver a funcionar exactamente como antes.
A la misma velocidad. Con la misma disponibilidad. Con las mismas prioridades.
Pero después de la maternidad puede que algunas cosas hayan cambiado.
La reincorporación no tiene por qué consistir en recuperar exactamente la vida que teníamos antes de ser madres, sino en encontrar una nueva forma de integrar nuestra maternidad, nuestro trabajo y el resto de partes de nuestra identidad.
Y ese equilibrio no tiene por qué aparecer el primer día.
Se va construyendo.