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Entrenamiento en grupo: por qué entrenar acompañado puede ayudarte a ser más constante

Quim Bruguera (entrenador)

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Empezar a entrenar no suele ser la parte más difícil. Lo complicado es mantenerlo en el tiempo.

Volvemos de vacaciones, empieza un nuevo curso o llega un momento en el que decidimos que queremos cuidarnos más. Nos apuntamos al gimnasio, organizamos nuestra semana y empezamos con toda la motivación.

Pero pasan los días. Aparecen el trabajo, el cansancio, los imprevistos… y esa motivación inicial empieza a desaparecer.

Porque la motivación es un buen impulso para empezar, pero no siempre es suficiente para mantener un hábito.

Y aquí es donde entrenar acompañado puede marcar una gran diferencia.

El verdadero reto no es empezar a entrenar, sino mantenerlo

Cuando pensamos en conseguir resultados con el entrenamiento, solemos preocuparnos por qué ejercicios hacer, cuántos días entrenar o cuánto debería durar cada sesión.

Pero hay otro factor igual de importante: la adherencia.

La adherencia al entrenamiento es, sencillamente, nuestra capacidad para mantenerlo en el tiempo.

Porque podemos tener la planificación perfecta, pero si solo conseguimos seguirla durante unas semanas, difícilmente podremos obtener todos los beneficios que el ejercicio puede aportarnos.

Por eso, encontrar una forma de entrenar que encaje con nuestra vida, que podamos sostener y que además disfrutemos es una parte fundamental del proceso.

 

¿Por qué entrenar en grupo puede ayudarnos a ser más constantes?

Entrenar con otras personas cambia la experiencia.

Hay un horario reservado en nuestra agenda, un entrenador que nos espera y un grupo de personas con las que compartimos ese momento de la semana.

Poco a poco, el entrenamiento deja de ser algo que «deberíamos hacer» para convertirse en parte de nuestra rutina.

Además, compartir el entrenamiento puede aportar un componente social que hace que la experiencia sea más agradable. Celebramos progresos, compartimos esfuerzos y hay días en los que el propio grupo nos ayuda a entrenar cuando probablemente, por nuestra cuenta, nos habría costado mucho más empezar.

No se trata de depender de la motivación de los demás, sino de crear un entorno que nos facilite mantener nuestro compromiso.

Motivación y constancia no son lo mismo

Es normal que haya días en los que tengamos muchísimas ganas de entrenar y otros en los que preferiríamos quedarnos en casa.

Esperar a estar motivados para hacer ejercicio puede hacer que nuestra rutina dependa demasiado de cómo nos sentimos ese día.

La constancia funciona de otra manera.

Cuando tenemos unos días y horarios establecidos, conocemos a las personas con las que entrenamos y hemos incorporado esas sesiones a nuestra semana, necesitamos tomar menos decisiones para conseguir entrenar.

Ya no tenemos que preguntarnos cada tarde: «¿entreno hoy?».

Simplemente, hoy toca entrenar.

Y esa diferencia aparentemente pequeña puede ser una de las claves para construir un hábito que podamos mantener durante meses y años.

Entrenar en grupo no significa que todos tengamos que hacer lo mismo

Una de las dudas habituales sobre el entrenamiento grupal es pensar que todas las personas del grupo tendrán que entrenar exactamente igual.

Pero compartir una sesión no significa compartir necesariamente el mismo nivel, las mismas cargas o las mismas necesidades.

Un entrenamiento bien planteado puede adaptar ejercicios, intensidades, cargas o progresiones a las capacidades de cada persona.

Porque el objetivo no debería ser intentar seguir el ritmo de quien tienes al lado, sino progresar desde tu propio punto de partida.

El grupo acompaña. El entrenamiento se adapta.

¿Es mejor el entrenamiento grupal o el entrenamiento personal?

No existe una modalidad que sea mejor para todo el mundo.

El entrenamiento personal permite trabajar de forma completamente individualizada, algo especialmente interesante cuando existen objetivos muy específicos, determinadas limitaciones o necesidades que requieren una atención más personalizada.

El entrenamiento grupal, por su parte, añade ese componente de comunidad y compromiso compartido que para muchas personas resulta fundamental para mantener la constancia.

Y también hay personas para las que combinar ambos formatos puede tener sentido.

La mejor opción será aquella que se adapte a tus necesidades, objetivos y circunstancias y, sobre todo, que puedas mantener en el tiempo.

El mejor entrenamiento es el que puedes mantener

Cuando retomamos la rutina después del verano es fácil querer hacerlo todo de golpe.

Entrenar más. Comer mejor. Dormir ocho horas. Recuperar inmediatamente todos los hábitos que hemos dejado un poco de lado durante las vacaciones.

Pero construir una rutina saludable no consiste en hacerlo todo perfecto desde el primer día.

Consiste en encontrar pequeñas decisiones que podamos repetir semana tras semana.

Si entrenar acompañado hace que disfrutes más, que tengas un espacio reservado para ti y que sea más fácil mantener el compromiso incluso en aquellas semanas en las que la motivación no acompaña, el grupo puede convertirse en una herramienta muy potente para conseguir que el ejercicio forme realmente parte de tu vida.

Porque al final, los resultados no dependen de lo que hagamos durante dos semanas de mucha motivación.

Dependen, sobre todo, de lo que seamos capaces de seguir haciendo cuando esa motivación desaparezca.